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Willoughby-Herard elabora fábulas groseras originales y crea proverbios crudos para analizar las experiencias LGBTQ+ negras en la academia como una base para una teoría que navega la promesa y el peligro de contar. El ensayo toma en serio el consejo de Evelynn Hammonds de que los otros sexuales y de género negros recuerden sus trayectorias como un modo de defensa, análisis y construcción de significado. Usar relatos vulgares para hacer sombra, mientras se lucha dentro y más allá de los límites del "porno traumo" y el espectáculo, crea un legado cultural arduamente conquistado y un remanente que apunta a posibilidades de supervivencia y ser. Recordar experiencias amargas en la academia expone relaciones sociales ancladas por la violencia colectiva. Siguiendo a Alicia Levy-Seedat, la vulgaridad, utilizada por hablantes de clase trabajadora de Jamaican Patwah (patois), corta a través de condiciones paternalistas. La noción de "extravagancia escritural" de Willoughby-Herard permite contar mientras se alimenta de la risa áspera y el placer grosero de los lectores y oyentes para crear algo como supervivencia, o al menos tener la última risa.
Tiffany Willoughby-Herard (Sol,) estudió esta cuestión.