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Al igual que otras formas de arte, el género musical funk, con su ritmo tenso, ha sido promocionado como una poderosa arma para contrarrestar regímenes basados en la raza y llevar mensajes políticos abiertos durante el período tenso del movimiento por los derechos civiles en América. Más concretamente, a finales de la década de 1950 y principios de 1960, la música funk, que evoluciona del Rhythm and Blues, el jazz y la música soul, inspiró a la comunidad afroamericana a liberarse de las cadenas de la segregación racial institucional y dar voz a la raza negra oprimida. La música funk se caracteriza por sus tonos rítmicos poderosos que reflejan mucho dinamismo y energía. Las fuertes líneas de bajo de la canción, los ritmos de batería, los golpes sincopados y el estribillo recurrente a lo largo de la canción: “Say it Loud, I’m Black and Proud” crean patrones rítmicos que despiertan la conciencia negra y enfatizan el orgullo negro. Por lo tanto, que ese ritmo sea portador de poder es la esencia del presente documento. Es un medio de expresión que transmite pensamientos que cambian la vida. En esta canción, el ritmo se presenta como una estrategia efectiva para reconstruir la nueva identidad negra y trazar una nueva vida en la que prevalezca la equidad racial. Los patrones impulsados por el ritmo de Brown son un preludio a la nueva vida que los afroamericanos han estado esperando durante mucho tiempo.
Kalthoum BELWEFI (vie,) estudió esta cuestión.