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En este artículo, propongo la "sala de desalojo" como un marco analítico para las luchas vinculadas de ciudadanos y no ciudadanos que viven en los márgenes urbanos. La metáfora de la sala de desalojo fue acuñada por Carolina Maria de Jesus, una escritora negra brasileña fallecida y residente de favela. De Jesus ve la ciudad como una casa: el centro de la ciudad es su lujosa sala de estar; la favela, su sala de desalojo, un espacio precario al que los pobres urbanos racializados son empujados como objetos desechables. Ampliando esta metáfora, podemos pensar en aquellos segregados y estigmatizados en las salas de desalojo de una ciudad no solo como expulsados físicamente, sino también políticamente. Independientemente de su estatus legal de ciudadanía, los residentes de la sala de desalojo son construidos como los otros inmanentes de los “buenos ciudadanos” que habitan las salas de estar de la ciudad. Segregados en el espacio, su presencia es transitoria en el tiempo dado su “desalojabilidad”. Si bien el marco de la sala de desalojo puede ayudarnos a entender la marginación urbana tanto de ciudadanos como de no ciudadanos, no asume ni su homogeneidad social ni una “política de los desalojados” unida. Expando sobre las posibles estrategias dentro de dicha política, así como sobre las dimensiones espaciales y temporales de la ciudad como una casa con un plano en constante cambio. La sala de desalojo avanza una agenda de investigación centrada en la migración, la segregación residencial y la política de ciudadanía relevante para contextos urbanos en el sur y el norte global.
Diana Thomaz (jue,) estudió esta cuestión.