El principio de acción, que ha guiado exitosamente a los físicos durante siglos, ahora parece llevarlos a callejones sin salida. Se conjetura que la razón de esto es su incapacidad para representar adecuadamente la física covariante a escala. Como resultado, surgen nociones absolutas de grande y pequeño, con el tamaño de un observador humano determinando cuál es cuál. Se propone una alternativa al principio de acción, rectificando este vestigio de sesgo antropocéntrico al postular que los físicos podrían existir a cualquier escala, todos en igualdad de condiciones. La consistencia entre sus descripciones de fenómenos físicos restringe severamente el conjunto de sus posibles observaciones. Tanto es así que el conjunto de campos bien comportados, dependientes de la escala y compatibles, φ(x,λ), que representan fenómenos del espacio-tiempo a cualquier escala, λ, podría reemplazar al conjunto de campos que son extremos locales de una acción, en su papel como una "ley física". Las observaciones consideradas inexplicables o bizarras cuando se analizan a cualquier escala dada se vuelven inevitables cuando se ven como meras 'secciones' a escala constante, φ(x,λ=const), de tales 'órbitas de escala'. Entre ellas: ¿Por qué partículas en lugar de un continuo, y por qué no deben ser representadas por puntos matemáticos? ¿Por qué la gravedad einsteniana/newtoniana parece descomponerse en pequeñas aceleraciones? ¿Cuál es el origen de la no localidad cuántica? Se demuestra un acuerdo cuantitativo con las observaciones en casos simples, mientras que en casos más complicados, se proporcionan caminos exactos hacia las soluciones.
Yehonatan Knoll (Mon,) estudió esta cuestión.