Las partículas basadas en níquel, incluyendo nanopartículas de níquel y nanopartículas de óxido de níquel, se utilizan cada vez más en aplicaciones industriales y médicas. Sin embargo, existen preocupaciones significativas sobre su toxicidad sistémica. Debido a su pequeño tamaño y alta reactividad, estas partículas pueden depositarse en el tracto respiratorio, especialmente en los pulmones, y posteriormente translocarse al torrente sanguíneo tras la inhalación y la ingestión. La evidencia indica que las partículas más pequeñas exhiben una biodistribución más amplia, con nanopartículas acumulándose en órganos como el hígado, los riñones, el bazo, el cerebro y el corazón. Las partículas de níquel provocan respuestas inmunes robustas, lo que resulta en la liberación de mediadores inflamatorios, la inducción de estrés oxidativo y efectos genotóxicos. Las toxicidades documentadas en el hígado, riñones, bazo, corazón, sangre y cerebro son atribuidas principalmente a la disolución de partículas, la liberación de iones de níquel y la generación de especies reactivas de oxígeno. En resumen, las partículas basadas en níquel inducen una toxicidad compleja y multiorgánica influenciada por el tamaño de las partículas, la solubilidad y la ruta de exposición. Esta revisión describe los principales mecanismos de toxicidad del níquel y subraya la necesidad de una mejor evaluación de riesgos y estudios longitudinales para informar políticas de salud ocupacional y medioambiental.
Ugwu et al. (Wed,) estudiaron esta cuestión.
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