Este artículo se centra en una paradoja raramente discutida en relación con la creciente prominencia de los festivales y el patrimonio en la vida cultural, más allá de reconocer su inevitabilidad: la forma en que su promoción exitosa parece socavar las cualidades mismas que los caracterizan. Tanto los festivales como el patrimonio son instrumentalizados como un medio para promover el turismo, pero su atractivo se basa en nociones de autenticidad y singularidad que chocan con su éxito. En lugar de descartar la festivalización y la patrimonialización como simples procesos de estandarización lineal y "turistificación", exploramos las posibilidades de una apreciación más matizada, centrándonos en los encuentros con diversas formas de alteridad en la experiencia turística y la reflexividad que permiten. Presentamos alguna evidencia empírica de cómo estos temas se desarrollan a través del estudio de caso del festival “IT.A.CÀ Migrants and Travellers”, contribuyendo al debate sobre la definición de un turismo sostenible y responsable.
Musarò et al. (miércoles) estudiaron esta cuestión.