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Las anomalías del metabolismo lipídico a menudo llevan a una acumulación patológica de lípidos en la pared del vaso, secuelas oxidativas y de inflamación crónica, y a la formación de lesiones ateroscleróticas, lo que finalmente conduce a eventos clínicos. La oxidación de lipoproteínas, y en particular de las lipoproteínas de baja densidad (LDL), es un evento seminal que mediatiza muchos caminos proaterogénicos y proinflamatorios. Existen muchos mecanismos in vivo para oxidar LDL, incluyendo metales de transición como los cationes de hierro divalente, hemo, así como una serie de sistemas enzimáticos diferentes, como lipoxigenasas, mieloperoxidasa, NADPH oxidasas y óxido nítrico sintasas. La LDL oxidada es captada de manera no regulada por macrófagos, lo que lleva a la formación de células espumosas, generando finalmente un potente ambiente proinflamatorio. La LDL mínimamente modificada también induce efectos proinflamatorios en los macrófagos, incluyendo reordenamientos citoesqueléticos y macropinocitosis, generación de especies reactivas de oxígeno, supervivencia de células espumosas, capacidad fagocítica reducida hacia células apoptóticas y expresión de genes inflamatorios, muchos de estos efectos mediados a través del receptor tipo Toll-4. Usando el conocimiento científico obtenido de la comprensión de estos caminos, se han generado anticuerpos que se unen a epítopos específicos de oxidación bien definidos y se están utilizando en aplicaciones clínicas traslacionales. En particular, los ensayos que miden fosfolípidos oxidantes en partículas de apolipoproteína B-100 (OxPL/apoB) predicen la presencia y progresión de enfermedades de las arterias femoral, carotídea y coronaria, y predicen nuevos eventos cardiovasculares independientemente de los factores de riesgo establecidos. Anticuerpos específicos de oxidación humanos también se han utilizado con éxito para estudiar la extensión y regresión de lesiones ateroscleróticas experimentales utilizando enfoques de imagen por resonancia nuclear y magnética. Si se valida y se traduce a humanos, este enfoque de imagen puede proporcionar un medio para detectar, cuantificar y monitorear de forma no invasiva la extensión de la aterosclerosis y potencialmente visualizar placas de alto riesgo. Una mayor comprensión del papel de la oxidación de las lipoproteínas puede permitir modalidades diagnósticas y terapéuticas más racionalmente orientadas en aplicaciones clínicas.
Tsimikas et al. (Sat,) estudiaron esta cuestión.