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A pesar de la larga conciencia sobre la importancia de la ubicación de las yemas en la biología vegetal, la investigación sobre los bancos de yemas subterráneas ha sido escasa. Términos como lignotuber, xylopodium y sobole, que se refieren a estructuras portadoras de yemas subterráneas, se utilizan de manera inconsistente en la literatura. Debido a que el suelo aísla de manera eficiente los meristemos del calor del fuego, ocultar las yemas bajo tierra proporciona ventajas de aptitud en ecosistemas propensos a incendios. Así, en estos ecosistemas, hay una diversidad notable de estructuras portadoras de yemas. Hay al menos seis ubicaciones donde se almacenan las yemas subterráneas: raíces, corona radicular, rizomas, bultos leñosos, hinchazones carnosas y caudexes subterráneos. Estas estructuras apoyan muchos órganos morfológicamente distintos. Dada su historia y función, estos órganos pueden dividirse en tres grupos: aquellos que se originaron en la historia temprana de las plantas y que actualmente están ampliamente distribuidos (raíces portadoras de yemas y coronas radiculares); aquellos que también se originaron temprano y se han extendido principalmente entre helechos y monocotiledóneas (rizomas no leñosos y una amplia gama de hinchazones subterráneas carnosas); y aquellos que se originaron más tarde en la historia y están estrictamente relacionados con ecosistemas propensos a incendios (rizomas leñosos, lignotubers y xylopodia). Reconocer la diversidad de bancos de yemas subterráneas es el punto de partida para entender las muchas vías evolutivas disponibles para responder a disturbios recurrentes severos.
Pausas et al. (Mon,) estudiaron esta cuestión.
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