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El ojo seco es una enfermedad inflamatoria común de la superficie ocular que afecta significativamente la calidad de vida. La disfunción de la unidad de función lagrimal (UFL) altera la composición de las lágrimas y rompe la homeostasis de la superficie ocular, facilitando la inflamación crónica y el daño tisular. En consecuencia, los tratamientos más efectivos hasta la fecha están orientados a reducir la inflamación y restaurar la película lagrimal normal. El papel patogénico de las células T CD4+ es bien conocido, y el campo está aceleradamente reconociendo la complejidad de otros factores inmunitarios innatos y adaptativos involucrados en el desarrollo y la progresión de la enfermedad. Los datos apoyan la hipótesis de que el ojo seco es una enfermedad autoinmune localizada que se origina en un desequilibrio en las vías inmunorregulatorias protectoras y proinflamatorias de la superficie ocular.
Stern et al. (Sun,) estudiaron esta cuestión.