Los arrecifes de coral en el Antropoceno, emergiendo como formas de vida impuras y perturbadas, pueden ser vistos como fuentes inesperadas de esperanza en tiempos catastróficos. El actual debate de conservación sobre la preservación de arrecifes ‹prístinos› necesita urgentemente ser reexaminado a través de la perspectiva de ecologías queer: a saber, la reconceptualización de los arrecifes como espacios de ‹impureza›, ‹quebrantamiento› y ‹lo salvaje›. Los paisajes marinos desolados podrían ofrecer un atisbo de un futuro convivial que promete posibilidades para formas de vida queer.
Rasa Weber (Mié,) estudió esta cuestión.