El término economía agentiva aparece en al menos cincuenta y una definiciones publicadas distintas entre enero de 2021 y marzo de 2026, emitidas por investigadores académicos, firmas de capital de riesgo, bancos centrales, proyectos de protocolo, redes de pago, organismos de estándares y casas de consultoría. Este artículo avanza una lectura diagnóstica de esa proliferación: cuando un concepto está respaldado por una infraestructura funcional, sus definiciones convergen; cuando las definiciones se multiplican sin convergencia, el concepto es un vocabulario en busca de un referente. Catalogamos el corpus completo, lo clasificamos en cinco categorías y dos líneas de falla (desarrolladas en trabajos anteriores), y lo situamos dentro de la sociología de los vocabularios de tecnología emergente. Usando tres análogos históricos — comercio electrónico (1995–2000), computación en la nube (2006–2011) y economía colaborativa (2010–2015) — mostramos que la estabilización definicional sigue la madurez de la infraestructura, no la actividad de investigación. Luego proponemos cuatro pruebas empíricas cuya resolución forzará la convergencia en la economía agentiva: (i) liquidación interorganizacional autónoma de extremo a extremo, (ii) reputación de agente portátil en múltiples plataformas, (iii) resolución automatizada de disputas sin arbitraje humano, y (iv) asignación de responsabilidad regulatoria vinculante para acciones de agentes autónomos. A marzo de 2026, ninguna de las cuatro pruebas ha sido superada. Concluimos que la economía agentiva, en el momento de escribir esto, se entiende mejor como una fase pre-infraestructural — una fase cuyo vocabulario será seleccionado por la infraestructura que eventualmente se construya, no por la investigación que la precede. El corpus completo de cincuenta y una entradas se reproduce como Anexo A.
René Dechamps Otamendi (Martes,) estudió esta cuestión.