¿El «fidgeting» intermitente de piernas previene la disfunción endotelial en las piernas inducida por la sedestación prolongada en sujetos jóvenes y sanos?
El movimiento intermitente de las piernas («fidgeting») durante la sedestación prolongada previene la disfunción endotelial y mejora la dilatación mediada por flujo, probablemente mediante el aumento del estrés por cizallamiento vascular.
Permanecer sentado de forma prolongada deteriora la función endotelial en la vasculatura de las piernas, y se cree que este deterioro está mediado en gran medida por una reducción sostenida del estrés por cizallamiento (shear stress) inducido por el flujo sanguíneo. De hecho, evitar la marcada reducción del estrés por cizallamiento durante la sedestación mediante calentamiento local suprime el deterioro de la función endotelial de la arteria poplítea. En el presente estudio, evaluamos la hipótesis de que las reducciones del estrés por cizallamiento inducidas por la sedestación y la consecuente disfunción endotelial se prevendrían mediante el movimiento periódico de las piernas o «fidgeting». En 11 sujetos jóvenes y sanos, se realizaron mediciones bilaterales de la dilatación mediada por flujo (FMD) de la arteria poplítea antes y después de un periodo de 3 h sentados, durante el cual una pierna se sometió a fidgeting intermitente (1 min activo/4 min inactivo) mientras que la pierna contralateral permaneció inmóvil en todo momento y sirvió como control interno. El fidgeting produjo un aumento pronunciado del flujo sanguíneo y de la tasa de cizallamiento (shear rate) de la arteria poplítea (de 33.7 ± 2.6 s(-1) antes del fidgeting a 222.7 ± 28.3 s(-1) inmediatamente después del fidgeting; media ± EE; P < 0.001) que disminuyó gradualmente durante los siguientes 60 s. El fidgeting no alteró el flujo sanguíneo ni la tasa de cizallamiento de la arteria poplítea de la pierna contralateral, que experimentó una reducción del flujo sanguíneo y de la tasa de cizallamiento a lo largo de todo el periodo en sedestación (de 71.7 ± 8.0 s(-1) antes de sentarse a 20.2 ± 2.9 s(-1) a las 3 h de sedestación; P < 0.001). La FMD de la arteria poplítea se deterioró tras 3 h de sedestación en la pierna control (de 4.5 ± 0.3% antes de sentarse a 1.6 ± 1.1% después de sentarse; P = 0.039), pero mejoró en la pierna sometida a fidgeting (de 3.7 ± 0.6% antes de sentarse a 6.6 ± 1.2% después de sentarse; P = 0.014). En conjunto, el presente estudio aporta evidencia de que la disfunción endotelial de las piernas inducida por la sedestación prolongada puede prevenirse con pequeñas cantidades de movimiento de las piernas mientras se está sentado, probablemente a través de los aumentos intermitentes en el estrés por cizallamiento vascular.
Morishima et al. (Fri,) estudiaron esta cuestión.
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