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En un primer nivel, los artículos en este tema aportan a la diversidad y vitalidad de la investigación actual sobre desperdicio. En otro nivel, son un medio para avanzar la investigación sobre desperdicio hacia un compromiso más pleno con la materialidad. Nuestro punto de partida aquí es una paradoja. El desperdicio es intrínsecamente, profundamente, una cuestión de materialidad y, sin embargo, a pesar de un compromiso sostenido con la materialidad en ciertas áreas de las ciencias sociales de reciente data, gran parte de lo que se identifica con mayor facilidad como investigación sobre desperdicio sigue siendo decididamente inmaterial. Así como las sociedades han buscado distanciarse de sus desperdicios y ocultarlos por miedo a la contaminación, la academia ha sido tímida respecto a la naturaleza del desperdicio. Predominantemente, el trabajo de las ciencias sociales identifica el desperdicio en términos de gestión de residuos; un movimiento que asegura que el desperdicio se defina y se discuta en términos de tecnologías de 'eliminación', o -más correctamente- tratamientos de desperdicio y su conexión con políticas. Por lo tanto, la naturaleza del desperdicio se traduce en tecnologías de tratamiento -principalmente las establecidas de incineración y vertedero, pero también tecnologías emergentes como la digestión anaeróbica. O, se reconfigura como recuperación de recursos, es decir, como reciclaje, reutilización y remanufactura. De ahí, en su mayor parte, se traduce en métricas -toneladas y objetivos. Para modificar la paráfrasis de Zygmunt Bauman de Marx, con el desperdicio todo lo que es sólido (o de hecho líquido) tiende a derretirse, si no en aire, en el registro de lo categórico. Además, la separación radical del desperdicio como material y materia de un mundo de políticas de toneladas y objetivos se inscribe en divisiones claras del trabajo académico. Así, el desperdicio en lo social
Gregson et al. (Sáb,) estudiaron esta cuestión.