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Las primeras palabras de Jane Eyre están dirigidas a la Sra. Reed. Le hace una pregunta directa, que la Sra. Reed toma como una impertinencia. Se le dice a Jane que permanezca en silencio y ella obedece, pero la pregunta es sin duda pertinente: ¿Qué, pregunta la niña, Bessie dice que he hecho? La Sra. Reed la ignora, sin darse cuenta de que este momento señala el comienzo tentativo de la propia versión de Jane sobre su conducta, una versión que ella habla por sí misma. La dependencia de Jane, una palabra que John Reed le enseñó, es provocada tanto por su inexperiencia lingüística como por su clase y su sexo. No durará para siempre. Esa pregunta a Bessie surge de una necesidad que Jane Eyre misma aún no reconoce: la necesidad de poner su experiencia en palabras. Que sean sus propias palabras es algo que Jane eventualmente comprenderá, de modo que, por ejemplo, en el viaje de regreso a Rochester muchos años después de la tímida pregunta de la niña, Jane se negará a escuchar al posadero local hablar sobre 'esa chinche de institutriz' (XXXVI, 376). Su silencio se convertirá en discurso. Los lectores de Jane Eyre también entienden, una vez que la novela se acerca a su fin, que la verdadera historia de Jane es de su propiedad y que nadie más tiene derecho a contarla. Su acuerdo de que la narración de Jane Eyre es rigurosamente exclusiva en su apremiante impulso ha sido casi unánime.
Janet H. Freeman (1984) estudió esta cuestión.