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Resumen La omnipresencia de la Ciencia de la Computación (CS) en la sociedad digital actual y el uso extensivo de métodos computacionales en otras ciencias demandan su introducción en el currículo escolar. Por lo tanto, la Educación en Ciencia de la Computación está cobrando cada vez más relevancia. En la educación K-12 en CS, el pensamiento computacional (CT) es una de las palabras de moda más abusadas: diferentes partes interesadas (medios, educadores, políticos) le dan diferentes significados, algunos más orientados a CS, otros más ligados a su valor interdisciplinario. La expresión fue introducida por dos investigadores pioneros, Jeannette Wing (en 2006) y Seymour Papert (mucho antes, en 1980), cada uno de ellos enfatizando diferentes aspectos de un tema común. Este artículo utilizará un enfoque histórico para revisar, discutir y contextualizar estos dos primeros enfoques educativos y epistemológicos sobre el CT. Los relacionaremos con el contexto actual y evaluaremos qué aspectos siguen siendo relevantes para la educación K-12 en CS. De los dos, se dedica un interés particular al “CT de Papert”, que es el menos conocido y menos estudiado. Concluiremos que el “CT de Wing” y el “CT de Papert”, cuando se entienden correctamente, son ambos relevantes para la educación en ciencia de la computación actual. De Wing, deberíamos retener la centralidad de la ciencia de la computación, siendo el CT el sustrato (científico y cultural) de las competencias técnicas. Bajo esta interpretación, el CT es una lente y un conjunto de categorías para entender el tejido algorítmico del mundo actual. De Papert, deberíamos retener la idea constructivista de que solo una participación social y afectiva de los estudiantes en el contenido técnico hará que la programación sea una herramienta interdisciplinaria para aprender (también) otras disciplinas. También discutiremos la afirmación frecuentemente citada (y a menudo no verificada) de que el CT se “transfiere” automáticamente a otras habilidades amplias del siglo XXI. Nuestro análisis será relevante para que educadores y académicos reconozcan y eviten malentendidos y construyan sobre las dos raíces centrales del CT.
Lodi et al. (Mié,) estudiaron esta cuestión.