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Los niños indefensos atribuyen sus fracasos a la falta de habilidad y los ven como insuperables. En contraste, los niños orientados a la maestría tienden a enfatizar factores motivacionales y a ver el fracaso como superable. Aunque el rendimiento de los dos grupos suele ser idéntico durante el éxito previo al fracaso, investigaciones anteriores sugieren que estos grupos pueden diferir en el grado en que perciben que sus éxitos son replicables y, por lo tanto, que sus fracasos son evitables. El presente estudio se ocupó de la naturaleza de tales diferencias. Los niños realizaron una tarea en la que encontraron éxito y luego fracaso. A la mitad se les hicieron una serie de preguntas sobre su desempeño después del éxito y a la otra mitad después del fracaso. Emergiendo diferencias notables: en comparación con los niños orientados a la maestría, los niños indefensos subestimaron el número de éxitos (y sobreestimaron el número de fracasos), no vieron los éxitos como indicativos de habilidad y no esperaban que los éxitos continuaran. El fracaso posterior los llevó a devaluar su desempeño, pero dejó a los niños orientados a la maestría inquebrantables. Así, para los niños indefensos, los éxitos son menos salientes, menos predictivos y menos duraderos—menos exitosos.
Diener et al. (Tue,) estudiaron esta cuestión.
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