Los puntos clave no están disponibles para este artículo en este momento.
Los avatares, como humanos virtuales que poseen rostros realistas, se utilizan cada vez más para la interacción social y económica en Internet. La investigación ya ha determinado que la comunicación basada en avatares puede aumentar la confianza interpersonal percibida en entornos en línea anónimos. Sin embargo, a pesar de este potencial para inducir confianza, hipotetizamos que en situaciones de confianza, las personas percibirán los rostros humanos de manera diferente a como perciben los rostros de los avatares. Esta predicción se basa en la teoría de la evolución, porque a lo largo de la historia humana, la mayoría de las interacciones entre las personas ha tenido lugar en entornos cara a cara. Por lo tanto, a diferencia de la percepción de un rostro de avatar, la percepción de un rostro humano y las habilidades de discriminación de confiabilidad relacionadas deben ser parte de la constitución genética de los humanos. Con este telón de fondo, llevamos a cabo un experimento de imagen por resonancia magnética funcional basado en un juego de confianza multironda para obtener información sobre las diferencias y similitudes de las interacciones entre humanos y las interacciones humanas con avatares. Nuestros resultados indican que (1) las personas son mejores para predecir la confiabilidad de los humanos que la confiabilidad de los avatares; (2) la toma de decisiones sobre si confiar o no en otro actor activa significativamente más la corteza frontal medial durante la interacción con humanos, en comparación con la interacción con avatares; esta área del cerebro es de suma importancia para la predicción de los pensamientos e intenciones de otros individuos (mentalización), una habilidad notablemente importante en situaciones de confianza; y (3) la tasa de aprendizaje de confiabilidad es similar, ya sea interactuando con humanos o avatares. Así, la principal implicación de este estudio es que aunque la interacción en Internet puede tener beneficios, la falta de rostros humanos reales en la comunicación puede servir para reducir estos beneficios, lo que a su vez conduce a niveles reducidos de efectividad en la colaboración.
Riedl et al. (mar), estudiaron esta cuestión.