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Las prácticas de nombramiento del Estado y las prácticas de nombramiento locales y consuetudinarias son notablemente diferentes. Cada conjunto de prácticas está diseñado para hacer legible el paisaje humano y físico, identificando de manera clara a un individuo único, un hogar, o una característica geográfica singular. Sin embargo, cada uno es ideado por agentes muy distintos para quienes los propósitos de identificación son radicalmente diferentes. Las prácticas consuetudinarias puramente locales, como veremos, logran un nivel de precisión y claridad—frecuentemente con una economía impresionante—perfectamente adecuadas a las necesidades de los lugareños conocedores. Las prácticas de nombramiento del Estado, en contraste, están construidas para guiar a un 'extraño’ oficial en la identificación inequívoca de personas y lugares, no solo en una localidad, sino en muchas localidades utilizando técnicas administrativas estandarizadas.
Scott et al. (Mar,) estudiaron esta cuestión.