Los puntos clave no están disponibles para este artículo en este momento.
Una respuesta inmune competente es central para la buena salud. Hay buenas evidencias de que tanto el envejecimiento como el estrés psicológico pueden desregular la función inmune, resultando en cambios en varios aspectos de la respuesta inmune que son lo suficientemente grandes como para tener consecuencias para la salud. Los adultos mayores parecen mostrar incluso mayores deterioros inmunológicos asociados con el estrés o la depresión que los adultos más jóvenes. Así, los datos sugieren que el envejecimiento interactúa con el estrés y la depresión para aumentar los riesgos de morbilidad y mortalidad entre los adultos mayores.
Kiecolt‐Glaser et al. (2001) estudiaron esta cuestión.