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Cuando la mente divaga, surgen pensamientos conscientes que están solo débilmente relacionados con la tarea que se está realizando. Este fenómeno produce tensión dentro de las ciencias cognitivas porque la naturaleza interferente de estos pensamientos está en desacuerdo con la suposición de que tales procesos son funcionales en la vida diaria. En su comentario, McVay y Kane (2010) sugirieron que los fallos en el control ejecutivo pueden crear las condiciones que favorecen la divagación mental, una hipótesis de fallo de control que cuestiona si la divagación mental consume recursos. Ya sea que la divagación mental siempre ocurra después de un fallo de control, siempre es una experiencia consciente reportable y, por lo tanto, está globalmente disponible para el sistema. Dicha disponibilidad global sugiere que la divagación mental demanda de hecho recursos, en particular acceso a un espacio de trabajo global que soporte la experiencia consciente. Aunque la perspectiva de fallo de control explica la ocurrencia transitoria de la divagación mental durante tareas exigentes, la hipótesis de disponibilidad global es consistente con toda la divagación mental, independientemente del contexto; está implícita en muchas características del argumento propuesto por McVay y Kane (2010). La consideración de estos temas conduce a la conclusión de que cuando la mente divaga, la información específica del modo por defecto se vuelve globalmente disponible para el sistema; en este sentido, la divagación mental exige recursos en la medida en que ocupa el espacio de trabajo global necesario para la conciencia.
Jonathan Smallwood (Mon,) estudió esta pregunta.
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