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ANTECEDENTES: Los datos sobre la incidencia y la significancia pronóstica de la disfunción renal en la enfermedad por VIH son limitados. OBJETIVO: Determinar la incidencia de proteinuria y creatinina sérica elevada en mujeres VIH positivas y VIH negativas y determinar si estas anormalidades son predictores de mortalidad o están asociadas con causas de muerte enumeradas en el certificado de defunción en mujeres VIH positivas. DISEÑO: Se evaluó la incidencia de proteinuria o creatinina sérica elevada y mortalidad en una cohorte de 885 mujeres VIH positivas y 425 mujeres VIH negativas en riesgo. CONFIGURACIÓN: Mujeres de la comunidad general o clínicas de atención del VIH en cuatro ubicaciones urbanas en los Estados Unidos. MEDIDAS DE RESULTADO: Creatinina de >o=1.4 mg/dL, proteinuria 2 o más, o ambas. Muertes confirmadas por un certificado de defunción (92%) o registro médico/informe comunitario (8%). RESULTADOS: En la línea de base, 64 (7.2%) mujeres VIH positivas y 10 (2.4%) mujeres VIH negativas tenían proteinuria o creatinina elevada. Un adicional de 128 (14%) mujeres VIH positivas y 18 (4%) mujeres VIH negativas desarrollaron estas anormalidades en los siguientes (promedio) 21 meses. Los riesgos relativos de mortalidad se incrementaron significativamente (riesgo relativo ajustado = 2.5; intervalo de confianza del 95%: 1.9-3.3), y hubo más causas renales registradas en los certificados de defunción (24/92 (26%) frente a 3/127 (2.7%), p<.0001) en mujeres infectadas por VIH con, en comparación con aquellas sin estas anormalidades renales. CONCLUSIONES: La proteinuria, la creatinina sérica elevada o ambas ocurren con frecuencia en estas mujeres infectadas por VIH. Estas anormalidades renales en mujeres infectadas por VIH están asociadas con un mayor riesgo de muerte después de controlar otros factores de riesgo y con una mayor probabilidad de tener causas renales enumeradas en el certificado de defunción. El reconocimiento y manejo de la proteinuria y la creatinina sérica elevada deberían ser una prioridad para las personas infectadas por VIH.
Gardner et al. (Sat,) estudiaron esta cuestión.