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Antes del descubrimiento del agente etiológico del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA), evidencia epidemiológica sustancial sugirió que el agente responsable podría ser transmitido por sangre y productos sanguíneos como el factor VIII. Por lo tanto, el Servicio de Salud Pública y la Administración de Alimentos y Medicamentos tomaron medidas generales para aumentar la seguridad del suministro de sangre. Con el descubrimiento del virus linfotrópico humano tipo III (HTLV-III), se hizo posible realizar pruebas de sangre para evidencia de infección utilizando un ensayo de detección de anticuerpos. Las pruebas actualmente licenciadas para detectar anticuerpos contra HTLV-III tienen una sensibilidad entre el 93% y el 99%, y todas superan el 99% en especificidad. El Servicio de Salud Pública ha emitido recomendaciones provisionales sobre el uso voluntario de las pruebas de anticuerpos para filtrar donaciones de sangre y plasma.
John C. Petricciani (Vie,) estudió esta cuestión.