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¿Cuál es el significado de sentirse abrumado por la vida cotidiana en los márgenes sociales y económicos de una ciudad centroamericana? ¿Cuáles son las políticas de una madre que siente que ya no tiene sentido presentarse a trabajar dado el limitado impacto que tiene en las necesidades diarias de su familia? De manera relacionada, ¿cuál es el significado de otra mujer que sigue con el negocio de la supervivencia como miembro de la mayoría pobre urbana de Nicaragua? En este artículo, cuestiono las diferencias y conexiones entre los compromisos de dos mujeres con la pobreza en un asentamiento en las afueras de León, la segunda ciudad más grande de Nicaragua. Sujeta a un análisis aislado, la corporealización de la pobreza de cada mujer parece ambigua en términos de lo que hacen con las desigualdades que estructuran su existencia. Al tratar estas corporealidades como fuerzas afectivas—fuerzas constituidas y constitutivas trans-personales que impactan la acción humana—se pueden entender como agencias capaces de impactar el futuro. El ímpetu de seguir adelante y de acurrucarse en la cama puede representar compromisos aparentemente contradictorios en (o lejos de) la vida social, pero ambos animan una sensación de la dolorosa inadequación del presente, que puede ser socialmente transformadora. Abordar cuerpos llevados a sus límites como fuerzas afectivas complica las nociones centradas en el individuo de la agencia y, argumento, es crucial para entender cómo y cuándo la transformación social y política se vuelve imaginable y alcanzable (o no) en contextos particulares.
Élysée Nouvet (Mon,) estudió esta cuestión.