This essay aims to reexamine and in a certain way to revitalize the inexhaustible debate on the crisis of contemporary democracies. The fundamental thesisis that theories of crisis in general and those of democracy in particular, from the classic Frankfurt theories to certain neo-Marxist and post-Keynesian currents, have underestimated the triad of capital, capitalists and market (and their virtually unlimited expansive dynamics) as socially strategic forces, while at the same time they have relied excessively on the political capacity for governability of the normative state and supranational institutions (relativizing, in passing, the tour de force that exists between both levels of government). Mainstream political science and sociology continue, as a general rule, to be paralyzed in incalculable attempts to model voter and party preferences, and to emphasize strongly the «culture wars» on the political battlefields, thereby overshadowing the contingent links and historical contradictions between the world of ideas, individual and collective sensibilities, and economic relations. This paper concludes with four general ideas that challenge the dominant political discourse; first, the malaise of democratic institutions and of democracy in general is the result of a global decadence of post-industrial societies; Second, the meteoric and ecumenical rise of extreme right-wing, chauvinist and xenophobic political parties (the rivals of liberal democracy) is not an accident of history; its archaeological origin must be sought among the remains of social ruins left in its wake by the neoliberal earthquake. Third, the conditions of instability and uncertainty of the 1970s, which began in the United States and soon spread throughout the world, created the underlying objective conditions for the subjective forces of neoliberal ideas to directly influence society as a whole. And, finally, to invoke the thinkers of the Enlightenment and particularly the body of liberal ideas to support the antisocial measures of the neoliberal regimes, ignoring, moreover, the enormous distance that separates their theoretical models from our reality is, to say the least, an anachronism and an ahistorical misrepresentation. Este ensayo pretende reexaminar y aspira a revitalizar el inagotable debate sobre la crisis de las democracias contemporáneas. La tesis fundamental es que las teorías de la crisis en general y las de la democracia en particular, desde las ya clásicas de Frankfurt hasta ciertas corrientes neomarxistas y poskeynesianas, han subestimado como fuerzas socialmente estratégicas a la tríada capital, capitalistas y mercado (y su dinámica expansiva virtualmente ilimitada), al mismo tiempo que han confiado excesivamente en la capacidad política de gobernabilidad del Estado normativo y de las instituciones supranacionales (relativizando, de paso, el tour de force que existe entre ambos niveles de gobierno). La ciencia política y la sociología predominantes continúan, por regla general, paralizadas en incalculables intentos de modelizar las preferencias de los electores y de los partidos, y en subrayar encarecidamente las «guerras culturales» en los campos de batalla políticos, ensombreciendo, de ese modo, los contingentes vínculos y las contradicciones históricas que hay entre el mundo de las ideas, las sensibilidades individuales y colectivas y las relaciones económicas. Se concluye con cuatro ideas generales que desentonan con este discurso político dominante; primero, el malestar de las instituciones democráticas y de la democracia en general es el resultado de una decadencia histórica y global de las sociedades posindustriales; segundo, el ascenso meteórico y ecuménico de partidos políticos de extrema derecha, chovinistas y xenófobos (los émulos de la democracia liberal) no es un accidente de la historia, su origen arqueológico debe buscarse entre los restos de ruinas sociales que ha dejado a su paso el terremoto neoliberal. Tercero, las condiciones de inestabilidad de la década de 1970, iniciadas en Estados Unidos, pronto extendidas por todo el mundo, crearon las condiciones subyacentes objetivas para que las fuerzas subjetivas de las ideas neoliberales fueran capaces de influir directamente sobre el conjunto de la sociedad. Por último, invocar a los pensadores de la Ilustración y particularmente al cuerpo de ideas liberales para apoyar las medidas antisociales de los regímenes neoliberales, ignorando la enorme distancia que separa sus modelos teóricos de nuestra realidad supone, cuanto menos, un anacronismo y una tergiversación ahistórica.
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Germán Carrillo García (2023) studied this question.
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