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Este documento es una reflexión sobre la naturaleza atractiva pero difícil de las dinámicas de interacción entre humanos y robots, y una categoría especial entre ellos: los robots capaces de mediar la interacción social. Estos sistemas no están diseñados para ayudar al ser humano a realizar tareas laborales o ahorrar tiempo en actividades rutinarias, sino para involucrarlos en experiencias personales estimuladas por las affordances físicas, emocionales y conductuales del robot. El argumento se ilustra con un estudio de caso en el que se utilizó una mascota artificial como apoyo en el tratamiento terapéutico de niños con discapacidades cognitivas severas.
Marti et al. (Thu,) estudiaron esta cuestión.