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En una muestra de 300 familias adoptivas, hubo una tendencia a que los niños adoptados fueran más extrovertidos y emocionalmente estables que los niños biológicos. Para la extraversión, hubo una baja similitud estadísticamente significativa entre las madres solteras y sus hijos dados en adopción. Paradójicamente, sin embargo, los hijos de madres con puntuaciones elevadas en el Inventario de Personalidad Multifásico de Minnesota (MMPI) tendían a ser calificados como más emocionalmente estables que los hijos de madres con mejor ajuste en el MMPI. Este último hallazgo fue interpretado como una sugerencia de una interacción entre la sensibilidad emocional y el entorno temprano. Según esta hipótesis, los individuos con genotipos que los hacen vulnerables a sus entornos podrían prosperar en el clima cálido de las familias adoptivas, pero resultaría relativamente mal en las familias presumiblemente menos benignas en las que fueron criadas las madres solteras.
Loehlin et al. (Fri,) estudiaron esta cuestión.