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Los dispositivos médicos implantables (IMDs) y el concepto de integrar la electrónica con el cuerpo humano han sido curiosidades intrigantes en medicina durante muchas décadas, encontrando lentamente su camino en la medicina convencional para varias condiciones muy específicas, pero sin llegar a ser tratamientos más allá de los de "último recurso". Desde la realidad de los marcapasos cardíacos de hoy y los dispositivos de estimulación cerebral profunda hasta el sueño de motes de sensores vagando por el torrente sanguíneo (como lo describen investigadores y escritores como Isaac Asimov en su adaptación de Fantastic Voyage), el matrimonio de la electrónica y el cuerpo humano ha proporcionado una fascinación sin fin tanto para la ciencia como para la ciencia ficción. Hay una abundancia de aplicaciones potenciales, desde electrofármacos hasta interfaces cerebro-computadora, y con los avances en sistemas de bucle cerrado y los recientes conocimientos sobre la neuromodulación, se proyecta que estos dispositivos tendrán un gran impacto en la atención al paciente para todo, desde condiciones neurológicas hasta diabetes y artritis.
Arbabian et al. (Thu,) estudiaron esta cuestión.