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Las microglías se originan de macrófagos primitivos del saco vitelino y se auto-proliferan hasta la edad adulta sin ser reemplazadas por células circulantes derivadas de la médula ósea. En la inflamación, el accidente cerebrovascular, el envejecimiento o la infección, se ha demostrado que las microglías contribuyen a la patología cerebral de maneras tanto perjudiciales como beneficiosas, que han sido estudiadas extensivamente. Sin embargo, se conoce menos sobre su papel en el cerebro adulto sano. Los astrocitos y oligodendrocitos son ampliamente aceptados como contribuyentes importantes al mantenimiento de la homeostasis cerebral y a la modulación de la función neuronal. Por otro lado, la contribución de las microglías a la cognición y el comportamiento apenas comienza a ser entendida. La capacidad de sondear su función se ha vuelto posible utilizando ensayos de depleción de microglías y mutantes condicionales. Los estudios han mostrado que la ausencia de microglías resulta en déficits cognitivos y de aprendizaje en roedores durante el desarrollo, pero este efecto es menos pronunciado en adultos. Sin embargo, la evidencia sugiere que las microglías juegan un papel en la cognición y el aprendizaje en la adultez y, a nivel celular, pueden modular la neurogénesis en adultos. Esta revisión presenta el caso para reposicionar las microglías como contribuyentes clave al mantenimiento de la homeostasis y los procesos cognitivos en el cerebro adulto sano, además de su papel clásico como centinelas que coordinan la respuesta neuroinflamatoria al daño tisular y la enfermedad.
Augusto‐Oliveira et al. (Martes,) estudiaron esta cuestión.