Schools are often expected to foster inclusion, yet for students with migration backgrounds they frequently reproduce the inequalities that they claim to remedy. This article examines how girls and women with migration backgrounds in Germany experience educational exclusion, and how they envision schools that would recognize, include, and empower them. Drawing on semi-structured interviews with seven adult women and four primary school-aged girls, and analyzed thematically, the study brings retrospective and present-tense accounts of schooling into dialogue. Participants described exclusion produced not only through overt discrimination but through institutional omission and a meritocratic logic that recasts structural disadvantage as personal deficit, a logic that children in the study had already begun to internalize. From the vantage point of this experience, participants specified the conditions of a different school: safety understood as a relational process rather than an infrastructural provision, active acceptance rather than mere tolerance, educators who attend to those who fall silent, and participation understood as authorship of the space rather than access to it. The article argues that these proposals should be read as knowledge rather than testimony, and interprets them through the framework of epistemic justice: the study documents the epistemic injustice that participants experienced when their knowledge was dismissed, and advances epistemic justice by treating their accounts as expertise. Those most excluded by schooling hold a precise, usable account of how schooling could cease to exclude, and treating that account as knowledge carries a demand that institutions share the authority to act on it.[A menudo se espera que las escuelas fomenten la inclusión, pero, en el caso del alumnado de origen migrante, con frecuencia reproducen las desigualdades que afirman combatir. Este artículo examina cómo las niñas y las mujeres de origen migrante en Alemania experimentan la exclusión educativa y cómo conciben unas escuelas que las reconozcan, incluyan y empoderen. A partir de entrevistas semiestructuradas realizadas a siete mujeres adultas y cuatro niñas en edad de cursar educación primaria, analizadas temáticamente, el estudio pone en diálogo relatos retrospectivos y actuales sobre la experiencia escolar. Las participantes describieron una exclusión generada no solo por la discriminación manifiesta, sino también por la omisión institucional y una lógica meritocrática que transforma las desventajas estructurales en deficiencias personales, una lógica que las niñas del estudio ya habían comenzado a interiorizar. Desde la perspectiva que les proporciona esta experiencia, las participantes señalaron las condiciones que debería reunir una escuela diferente: la seguridad entendida como un proceso relacional y no como una prestación en materia de infraestructuras, la aceptación activa en lugar de la mera tolerancia, un profesorado que preste atención a quienes guardan silencio y una participación concebida como la capacidad de intervenir en la configuración del espacio, en lugar de limitarse a acceder a él. El artículo sostiene que estas propuestas deben entenderse como conocimiento y no como meros testimonios, y las interpreta desde el marco de la justicia epistémica: el estudio documenta la injusticia epistémica que experimentaron las participantes cuando se desestimaron sus conocimientos y promueve la justicia epistémica al reconocer sus relatos como conocimiento experto. Quienes sufren una mayor exclusión en el ámbito escolar poseen un conocimiento preciso y aplicable sobre cómo la escuela podría dejar de excluir, y reconocer ese conocimiento como tal implica exigir a las instituciones que compartan la autoridad para actuar en consecuencia].
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Meza-Cortés et al. (2026) studied this question.
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