En este artículo, revisamos nuevas perspectivas obtenidas de estudios longitudinales recientes que examinan el desarrollo de la autoestima y su influencia en resultados importantes de la vida. La evidencia apoya las siguientes tres conclusiones. Primero, la autoestima aumenta desde la adolescencia hasta la adultez media, alcanza su punto máximo alrededor de los 50 a 60 años y luego disminuye a un ritmo acelerado en la vejez; además, no hay diferencias por cohorte en la trayectoria de la autoestima desde la adolescencia hasta la vejez. Segundo, la autoestima es un rasgo relativamente estable, pero de ninguna manera inmutable; los individuos con una autoestima relativamente alta (o baja) en una etapa de la vida son propensos a tener una autoestima relativamente alta (o baja) décadas más tarde. Tercero, una alta autoestima predice prospectivamente el éxito y el bienestar en dominios de la vida como las relaciones, el trabajo y la salud. Dada la creciente evidencia de que la autoestima tiene importantes consecuencias en el mundo real, el tema del desarrollo de la autoestima es de considerable importancia social.
Orth et al. (Wed,) estudiaron esta cuestión.