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No se ha adoptado un sistema detallado y completo de subclasificación de la esquizofrenia crónica en este país. La mayoría de los psiquiatras se contentan con usar las categorías amplias de esquizofrenia simple, hebefrénica, catatónica, paranoide y no diferenciada. Colocar a un paciente en uno de estos subgrupos implica un juicio basado en toda la información que tiene el clínico a su disposición. Dichos datos son necesariamente no estandarizados; el método de recolección varía de un médico a otro y de un paciente a otro, y los criterios de clasificación no son uniformemente aceptados. No hay pruebas objetivas disponibles que sirvan para verificar la precisión de las decisiones tomadas. Es inevitable, en estas circunstancias, que los sistemas clínicos de subclasificación no se utilicen mucho para fines científicos. Lo esencial de un instrumento de clasificación es que debe producir los mismos resultados en manos de diferentes investigadores, y que sus estándares de medida no deben variar de una ocasión a otra. Ningún estudio publicado hasta ahora ha intentado abordar este problema, que se vuelve más serio a medida que aumenta la elaboración (y posiblemente la utilidad clínica) de la clasificación. El sistema de Leonhard (1, 4, 5), por ejemplo, ganaría enormemente si se pudiera demostrar su fiabilidad.
J. K. Wing (Fri,) estudió esta cuestión.